Se indica una prótesis de cadera cuando el dolor en la articulación limita la vida diaria, y tratamientos como medicamentos, fisioterapia o infiltraciones ya no son eficaces. Las causas más comunes incluyen artrosis severa, fracturas, necrosis avascular o enfermedades reumáticas. La decisión se basa en estudios de imagen, exploración clínica y calidad de vida del paciente
La mejor prótesis de cadera depende del perfil del paciente: edad, actividad física, estado óseo y enfermedades asociadas. Existen prótesis cementadas, no cementadas y mixtas, de titanio, cobalto, etc. En pacientes jóvenes y activos se prefiere una prótesis no cementada, mientras que en personas mayores puede usarse una cementada para mejor fijación. Lo importante es que el implante esté avalado por estudios clínicos y colocado por un especialista experimentado.
Generalmente, se puede volver a manejar entre 3 a 4 semanas después de la cirugía, siempre que no haya dolor, se tenga buena movilidad y reflejos adecuados. Es importante tener fuerza suficiente en la pierna operada para frenar en caso de emergencia. Se recomienda una valoración médica antes de regresar al volante.
Existen varios tipos de cirugía de cadera, según la necesidad del paciente:
- Artroplastia total o parcial de cadera (prótesis): reemplazo completo de la articulación.
- Osteosintesis: Cirugías para reparar el hueso fracturado mediante implantes.
- Osteotomías: modificación del eje óseo en pacientes jóvenes.
- Cirugía artroscópica: mínimamente invasiva, útil para pinzamientos o lesiones del labrum.
- Revisión de prótesis: cuando una prótesis antigua presenta fallos o desgaste.
Cada procedimiento tiene indicaciones específicas, y debe evaluarse de forma personalizada.
Una prótesis de cadera moderna puede durar entre 15 y 20 años, dependiendo del tipo de implante, técnica quirúrgica y actividad del paciente. Con buenos cuidados y seguimiento médico, muchas prótesis siguen funcionando correctamente incluso después de dos décadas.
La cirugía de cadera, como cualquier procedimiento mayor, puede tener consecuencias a corto y largo plazo. En el corto plazo, es normal experimentar dolor, inflamación y limitación temporal del movimiento. Entre las posibles complicaciones están la infección, luxación de la prótesis, trombosis venosa profunda, o diferencia en la longitud de las piernas. Sin embargo, con una técnica adecuada y seguimiento médico, el riesgo es bajo. A largo plazo, la mayoría de los pacientes recuperan la movilidad, reducen significativamente el dolor y mejoran su calidad de vida.
¡Somos tu mejor elección! Agenda ahora y asegura el cuidado experto que mereces con Dr. Ramón González Pola.